La gota de Chopin


Me pasa una alumna esta pieza. Es realmente hipnótica. La explicación de L. Giussani al final de este post es clave. Sirva como homenaje a la gota de brea del experimento más antiguo del mundo (aún sin caer a estas horas).

“Había escuchado muchísimas veces “La Gota” de Chopin, porque le gustaba mucho a mi padre. Y también a mí. A medida que me hacía mayor – nueve años, diez años… me empezó a gustar porque la melodía que está en primer plano es fácil de entender y es muy agradable. En un primer momento se me imponía la subjetividad de la música que aparece en primer plano. Pero después de decenas y decenas de veces de haberlo escuchado, una vez mientras estaba sentado en el salón, mi padre puso otra vez esta pieza: de repente me di cuenta de que no había comprendido nada de lo que era “La gota”. De hecho el verdadero tema de la pieza no era la música que estaba en primer plano. Aquella melodía inmediata, tierna y sugestiva. Una audición instintiva de la pieza no hacía emerger su verdad: su significado verdadero era algo aparentemente monótono, tan monótono que se reducía a una sola nota que se repetía continuamente, con algunas ligeras variaciones. Desde el principio hasta el final. Pero cuando un hombre se da cuenta de esta nota es como si el resto pasase a un segundo plano, fuese como el marco de un cuadro: el cuadro está hecho por entero únicamente de esta nota que se vuelve como una fijación, y el yo, desde el principio hasta el final, está como recorrido continuamente por este sentimiento dominante.
Aquel día comprendí, sin poderlo expresar con palabras: intuí de qué se trataba. Me dije a mí mismo: ¡Así es la vida! El pasaje de Chopin es bellísimo porque es símbolo de la vida.

En la vida el hombre está recorrido por las cosas que le enternecen y le atraen más instintivamente, que le gustan, que le son de provecho. En suma domina lo instintivo, lo inmediato, lo fácil, lo arrollador. Y sin embargo la música está más allá de la música que está en primer plano: es una sola nota de principio hasta el fin, desde que se es joven hasta que se llega a viejo. ¡Una sola nota! Cuando uno se da cuenta de esta nota ya no la pierde jamás, no puede perderla ya. Permanece como una fijación que hace el sabio, al docto, al inteligente. Es la fijación que hace al hombre: el deseo de la felicidad” (L. Giussani)

Acerca de Tomás Gómez-Acebo

Soy vicerrector de Alumnos de la Universidad de Navarra, profesor de Termodinámica de Tecnun-Universidad de Navarra, e investigador en el departamento de Materiales del CEIT-ik4.
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2 respuestas a La gota de Chopin

  1. lucy margot vega davila dijo:

    me encantooooo..la primera vez que la escuche fue por medio de una profesora de antropologia y desde ahi me gusto mas por el significado que tiene

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